La forma en la que más me gusta que me lleguen los libros es de las manos de los amigos. Y este libro que acabé en los últimos días de junio me llegó de la mano de uno de mis mejores amigos y, posiblemente, con el que más comparto gustos literarios. Es decir, que me conoce bien. Y acertó.

De Fulgencio Argüelles tengo que confesar que no había oído hablar nada en absoluto y ha sido un descubrimiento. Su manera de escribir me recordó en seguida al mejor Miguel Delibes e, incluso a Martín Garzo, porque os hagais una idea. Sin embargo, va más allá del realismo con toques rurales para introducir elementos mágicos.

El Palacio azul de los ingenieros belgas, que así se llama el libro, se refiere a una gran casa en una zona indeterminada del norte de España, quizás Asturias, en la que el protagonista empieza a trabajar. No es mi propósito en este blog el comentar o destripar los contenidos. Para eso ya hay mil páginas web que lo hacen mejor que yo, sino comentaros qué es lo que más me ha gustado del libro y, ya sería fantástico si alguien que lea este blog (lo cual es milagroso) y además haya leído el libro (posibilidad infinitesimales) se anima a comentarlo.

Lo me ha gustado del libro es su exquisita técnica literaria y su cuidado en el lenguaje. Quizás este verano he leído mucha literatura anclada en el periodismo (vease los otros 2 libros que ya he traído al blog) y, por eso, este libro me ha llamado la atención por su lenguaje, por el vocabulario especialmente trabajado en lo que se refiere a las plantas.

El libro tiene como telón de fondo las tensiones previas a la Guerra Civil española y los ambientes anarquistas. Sin embargo, me ha gustado que el punto de vista adoptado por el autor (el punto de vista está situado en el joven más o menos ingenuo, que comienza a trabajar con los ingenieros) no es un punto de vista parcializado o socializado, como quieras decirlo. El protagonista tiene sus intereses (la jardinería, el amor…) y, poco a poco, se manera natural se va implicando en la revolución social latente, pero con el punto de vista de quien lo observa todo un tanto perplejo y sorprendido.

Hay personales adorables como el abuelo y su historia oculta. Siempre las historias ocultas dan mucho juego en la literatura. O su hermana que le sirve de aprendizaje sentimental en el amor y el juego.

Una novela sencilla y magnificamente escrita que de deja el sabor de la literatura digamos “de antes”