"Un largo adiós": Página personal de Miguel Ángel Gonzalo

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Categoría: Literatura

Poemas para una velada poética: el tiempo y la infancia

Gracias a una fantástica iniciativa de una buena gente, cada algunos meses nos juntamos en lo que llamamos la “velada poética” para leer poesía y tomar unos vinos. ¡Qué mejor”.

La última sesión estaba dedicada a ese tema universas como es el tiempo y su diálogo con la infancia. Aquí va mi selección con algunas notas.

Luis Cernuda, “El Tiempo” (Ocnos, 1942 )

Velada poética

Luis Cernuda, Ocnos

Nacido en Sevilla en 1902, muere en el exilio en México en 1963.

En este libro corto y certero, el Cernuda del exilio describe la verdadera nación de cada uno: su infancia. Para ello, recurre a los temas intemporales: la eternidad, el miedo, la biblioteca, la luz, el destino.

El poema, escrito entre 1939 y 1942 en Escocia, es una autobiografía sentimental de la infancia del poeta en Sevilla.

“Llega un momento en la vida cuando el tiempo nos alcanza. (No sé si expreso esto bien.) Quiero decir que a partir de tal edad nos vemos sujetos al tiempo y obligados a contar con él, como si alguna colérica visión con espada centelleante nos arrojara del paraíso primero, donde todo hombre ha vivido una vez libre del aguijón de la muerte. ¡Años de niñez en que el tiempo no existe! Un día, unas horas son entonces cifra de la eternidad. ¿Cuántos siglos caben en las horas de un niño?

Recuerdo aquel rincón del patio en la casa natal, yo a solas y sentado en el primer peldaño de la escalera de mármol. La vela estaba echada, sumiendo el ambiente en una fresca penumbra, y sobre la lona, por donde se filtraba tamizada la luz del mediodía, una estrella destacaba sus seis puntas de paño rojo. Subían hasta los balcones abiertos, por el hueco del patio, las hojas anchas de las latanias, de un verde oscuro y brillante, y abajo, en torno de la fuente, agrupadas, las matas floridas de adelfas y azaleas.

Sonaba el agua al caer con un ritmo igual, adormecedor, y allá en el fondo del agua unos peces escarlata nadaban con inquieto movimiento, centelleando sus escamas en un relámpago de oro. Disuelta en el ambiente había una languidez que lentamente iba invadiendo mi cuerpo.

Allí, en el absoluto silencio estival, subrayado por el rumor del agua, los ojos abiertos a una clara penumbra que realzaba la vida misteriosa de las cosas, he visto cómo las horas quedaban inmóviles, suspensas en el aire, tal la nube que oculta un dios, puras y aéreas, sin pasar.”

Federico García Lorca 1898–1936),

Velada poética

Federico García Lorca, Divan del Tamarit

Con versiones de Carlos Cano y Lagartija Nick esta “Casida del herido por el agua”, incluida en el Divan del Tamarit,

La denominación de Casida es un homenaje a los poetas árabes de Granada de ahí la denominación de “casida” que es un verso propio de la zona de Persia que solía tener un tema único (por ejemplo, una alabanza al rey) aunque su uso permaneció por su carácter nostálgico y de añoranza que es el que retoma Federico. Tamarit es el nombre de una huerta de la familia situada en la vega de Granada, por ello las referencias a la infancia están desde el título.

De la obra se tiene una primera mención en 1934 como un proyecto que la Universidad de Granada estaba preparando para su impresión. Su publicación final se produjo en 1940 en Buenos Aires por la editorial Losada y y Nueva York (bajo el título The Divan at Tamarit) por la Revista Hispánica Moderna.

Escrito después de su viaje a Nueva York, sin duda las experiencias allí vividas acaban definitivamente con la visión de la infancia del poeta. Todos los poemas expresan un cierto dolor por el amor imposible; posiblemente por los problemas que encontraba Federico para que se aceptara su ser homosexual y poderse, especialmente en los ambientes de izquierda y del partido comunista.

Son los tiempos de colaboración con la República, de La Barraca, del éxito de Bodas de Sangre pero también problemas.

El poema es de un cierto hermetismo que le acerca a obras como “El Publico” o “Así que pasen cinco años”. Algunas de las claves son:

El subir y bajar hace referencia a un tema muy lorquiano del movimiento en el acto sexual. El punzón que atraviesa el corazón, además de una imagen religiosa, hace referencia al acto de escudriñar, de mirar más allá de la apariencia. El niño herido es ese corazón que sufre atravesado por aguas de amor oscuro. Las espadas son los surtidores que pueblan Granada y que fueron testigos de algún encuentro amoroso furtivo que termina al amanecer cuando la luz se hunde en los arenales de la madrugada. La muerte blanca es la eyaculación desprovista de propósito engendrador. El día va marcado por la noche y el amor va marcado por su fin y su fracaso.

 

Casida primera del herido por el agua “Divan del Tamarit”

Quiero bajar al pozo

quiero subir los muros de Granada

para mirar el corazón pasado

por el punzón oscuro de las aguas.

El niño herido gemía

con una corona de escarcha.

Estanques, aljibes y fuentes

levantaban al aire sus espadas.

¡Ay qué furia de amor! ¡qué hiriente filo!

¡qué nocturno rumor! ¡qué muerte blanca!,

¡qué desiertos de luz iban hundiendo

los arenales de la madrugada!

El niño estaba solo

con la ciudad dormida en la garganta.

Un surtidor que viene de los sueños

lo defiende del hambre de las algas.

El niño y su agonía, frente a frente

eran dos verdes lluvias enlazadas.

El niño se tendía por la tierra

y su agonía se curvaba.

Quiero bajar al pozo

quiero morir mi muerte a bocanadas

quiero llenar mi corazón de musgo

para ver al herido por el agua.

 

Jaime Gil de Biedma (Barcelona, 1929 – 1990)

Velada poética

Jaime Gil de Biedma, Poemas póstumos

Poeta exponente de un tiempo. Hijo de la alta burguesía catalana, bien colocado en un sitio tan especial como la Compañía de Tabacos de Filipinas, homosexual, simpatizante del PSUC.

Hombre cultísimo y de una extraordinaria formación intelectual. Reunió su poesía en el libro Las personas del verbo, considerada la edición canónica de su obra compuesta básicamente por 3 libros: Compañeros de viaje, Moralidades y Poemas Póstumos. Los 2 primeros un exponente de poesía social y de crítica a la hipocresía de esa alta burguesía que le daba de comer.

Miembro de la llamada Escuela de Barcelona, con Gabriel Ferrate, Carlos Barral, Jaime Salinas, Juan Marsé y luego integrado en el “Grupo Poético de los 50” aunque el propio Jaime decía que los grupos poéticos eran meras creaciones editoriales. Se aleja hasta cierto punto de la escuela de poesía descomprometida y muy inspirada por Garcilaso de la Vega tan del gusto del régimen en aquellos años. Su estilo utiliza coloquialismos lo cual no significa que su cuidado de la forma no sea exquisito.

“Poemas póstumos” fue  publicado por primera vez en 1968 y después revisado y ordenado para la edición completa de sus obras en la ya citada “Las personas del verbo”.  Su poesía destaca por su perfección y complejidad. También su lucidez y su capacidad evocativa y para la reflexión.

La última etapa de su vida destaca por su nihilismo y pesimismo. Murió en 1990 de sida.

Un estrambote curioso de su vida es que Jaime es el tío de Esperanza Aguirre y Gil de Biedma.

El poema elegido, “No volveré a ser joven”, que ha tenido versiones geniales desde los primeros noventa por Loquillo y últimamente por Miguel Poveda, es una declaración de principios sobre la verdad que no admite el edulcorante de la religión o de otros consuelos.

No volveré a ser joven

Que la vida iba en serio

uno lo empieza a comprender más tarde

—como todos los jóvenes, yo vine

a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería

y marcharme entre aplausos

—envejecer, morir, eran tan sólo

las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo

y la verdad desagradable asoma:

envejecer, morir,

es el único argumento de la obra.

Poemas póstumos” 1968

 

Francisco Brines (Oliva, Valencia, 1932-)

Encuadrado también en el Grupo Poético de los 50, sin embargo, su obre deriva muy rápidamente hacia un tono intimista y, posiblemente, sea el más clasicista de los poetas de su generación.

Velada poética

Francisco Brines, El otoño de las rosas

En este poema hay una historia de amor y en el último verso se puede ver el resumen de la cosmovisión de la obra de Brines al considerar que el tiempo, ese gran destructor, impone siempre su ley y su ley es la destrucción, el acabamiento y la finitud.

El Otoño de las rosas” (1986) supone la culminación de su obra poética. Una vuelta de tuerca hacia la forma y la sensualidad más griega y más latina.

Ese último poema nos habla del extrañamiento de la vida. Sentirse propiamente extraño de la propia vida, situarse en las afueras de la propia vida y de lo que en ella fluye, se huele o se ve.

Como bien refleja Casilda Sánchez en su primera novela sabemos que el amor deja a su paso con frecuencia acumulaciones y cimientos de cenizas que sólo nos hablan de pasiones consumidas.

 

Desde Bassai y el mar de Oliva

Era en aquel viaje por las tierras dormidas de la Arcadia,

para encontrar el templo en donde floreciera la primera sonrisa del capitel de acantos (o de rosas),

allí donde la ausencia adusta del cestillo era un canto de fuego y de cigarras.

Las columnas de piedra sostenían el pájaro y el cielo.

Los pájaros azules, el cielo derribado.

El féretro estival del tiempo destruido. Y todo se perdía y era eterno.

Yo miraba en tus ojos el mundo que era estable y muy viejo, y tú sonabas sólo como la juventud.

 

Y antes vi el mar, en esas horas solas de la siesta,

cuando el sol enloquece su extensa superficie, y brilla en aire de oro suspendido

esa frescura eterna que hace dioses muy niños los ojos del que mira,

cuando llegan veloces y pausadas las velas lejanísimas,

y sólo existe el mar, el cuerpo de una gloria azul e inacabable,

y aquel que lo contempla con ojos escondidos, y la mirada ardiente:

el muchacho, con un secreto amor también inacabable de sí mismo,

porque el mundo y la vida se hospedan sólo en él.

Y nadie aún existía que a él le desplazara, ni tu humana hermosura.

 

Sigue aún el mar, pero no la mirada, ni las velas,

y el templo, con las puertas cerradas, es triste, y es católico.

Alguien me dio un abrazo de adiós definitivo en un andén muy agrio

y en los espejos busco, y araño, y no lo encuentro

a ese que fui, y se murió de mí, y es ya mi inexistencia.

Lo siento más extraño que a mí mismo

cuando tienda a saberme desde mi ceguedad y todo sea el hueco,

y esto es así porque percibo un resto muy breve de su luz todavía.

Yo sé que olí un jazmín en la infancia una tarde, y no existió la tarde.

 

Felipe Benítez Reyes (Rota, Cádiz, 1960)

La misma luna

Felipe Benítez Reyes

Es quizás el poeta que más espacio ha dedicado al tiempo. La paradoja, para Felipe Benítez Reyes, es que el tiempo nos hace y nos destruye: estamos hechos de tiempo. No poseemos nada más que el tiempo aunque nos engañemos pensando que poseemos bienes, personas, prestigio o influencia.
Ya sea en poemas como “El tiempo” en Equipaje Abierto (1996) o “Cine de Verano” en Escaparate de venenos (2000) o “Los paisajes del tiempo” en La misma luna (2007) nos muestra que para el poeta “el tiempo no se cura con nada”.

Los paísajes del tiempo

¿Fue al principio un jardín?

Luego fue un bosque.

El bosque ardió una tarde

Y entonces fue un museo de cenizas.

 

El agua de una lluvia

Convirtió esas cenizas

en un río fugado.

 

Ese río dio al mar, como es costumbre,

Y ahora el agua del mar moja mis pies,

mientras miro a lo lejos

para reconstruir con los ojos de la memoria

aquel jardín inicial: la conjetura

de la existencia de un origen

para esto que escapa y fluye y pasa

y se va y ya no vuelve y no se olvida

o se olvida y regresa y no es de nadie.

Intemperie de Jesús Carrascpo

Intemperie. Literatura desnuda

Debut literario del extremeño Jesús Carrasco. Desde el mundo de la publicidad hace su aparición estelar con esta novela sobre la desolación, la soledad pero también sobre los lazos que unen a los seres humanos en situaciones extremas.

Desde su agujero de arcilla escuchó el eco de las voces que lo llamaban

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Striptease literario para El Breviario Club

Texto publicado originalmente en la web del Club de Lectura “El Breviario” el 27 de agosto de 2013

“Todo, todo, todo está en los libros”

Cuando todo comenzó y éramos todavía jóvenes mis adoradas “Vainica Doble” (¿alguien las recuerda?) cantaban aquello de “todo, todo está en los libros”.

Y así empezó mi viaje literario. Me crié en Carabanchel, como Manolito Gafotas, y eso marca un carácter que te lleva a ser el Atleti por tradición y vocación y aprender que ganar siempre y todos los fines de semana es de horteras.

Kavalier - Michael Chabon

La técnica del best-seller en “Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay”. Unos apuntes para el Breviario Club

El pasado jueves fue la sesión de constitución del Club de Lectura El Breviario, impulsado por grandes amigos y mejores personas, como Imma Aguilar y Rafa Rubio. El primer libro elegido fue Las Asombrosas Aventuras de Kavalier y Clay” . Un gran resumen lo podéis encontrar en el Storify que realizó David Alvarez.

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Antígona

La Antigona del Siglo XXI (de Isidro Timón y Emilio del Valle)

Hasta el 31 de julio podéis ir a Mérida y disfrutar de este montaje especial sobre La Antígona del Siglo XXI, dirigido por Emilio del Valle, excelentemente acompañado por sus actores y músicos habituales.

Tuve la suerte de verlo este sábado y aquí va la crónica. No pretende ser imparcial porque estábamos allí en virtud de la amistad y eso siempre te hace ser más proclive al elogio; pero, más allá de esa primera inclinación, el montaje merece mucho la pena. Por la lectura renovada del texto, por los hallazgos escenográficos, por el gran trabajo de los actores y por la presencia, como si fuera una banda sonora de una película, de la música, acompañando de manera continua (incluso con la pianista siempre presente en escena) la acción teatral.

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El hombre mojado no teme la lluvia, Olga Rodriguez, Ed. Debate

En estos arranques del blog, tengo varios libros que me han gustado y que, aunque sea saltarse el principio temporal y cronológico, quería dejar aquí comentados por si a alguno o alguna les apetece entrarles.

Algo que atrae de un libro es el tener un buen título y éste que os comento lo tiene. “El hombre mojado no teme la lluvia” es un libro entre el reportaje, la entrevista personal y la propia recreación novelada de una realidad que no te deja indiferente.

Al libro llegué un poco por casualidad (que suele ser la mejor manera de encontrar algo) a través de un tweet de Javier Casal, compañero en la cadena Ser y supongo que amigo de Olga. En 140 carácteres ya me picó la curiosidad y en la Feria del Libro ya lo tenía en la mano.

A la autora no la conocía como escritora de libros pero si la recordé en aquellas crónicas desde Bagdad en los primeros días de la guerra. Recuerdo ese sonido tan extraño del teléfono vía satélite y recuero que me llamó la atención la fuerza interior y la convicción personal de esta periodista.

El libro recoge recuerdos, fundamentalmente de personas, a las que la autora a conocido en Irán, Iraq, Israel, Palestina, etc. Lo que me atrae del libro es, por un lado, que la autora se implica emocial e ideológicamente con las personas a las que trae al libro pero, al tiempo, también deja voz y espacio a personas que están en posiciones aparentemente enfrentadas: chiitas y sunies, palestinos y judíos, por ejemplo.

La autora no es neutral y eso me gusta del libro, pero no es tendenciosa. No tengais susto de encontraros discursos pro palestinos, aunque uno no pueda dejar de ser sensible a según qué cosas que allí se cuentan.

Otro aspecto que me ha gustado del libro es que da mucho espacio a la voz de las mujeres y, personalmente, en mi caso no había tenido mucha posibilidad de acceder a la vida y visión desde el punto de vista de una mujer, de la situación de los conflictos en el oriente medio.

A los que cuando eramos más jóvenes, habíamos trabajado cositas sobre interculturalidad y multiculturalismo, no puede dejar de gustarnos la forma en que se aborda esta cuestión en el libro. Siempre he pensado que la interculturalidad o es mezcla o no es nada. La autora se acerca en zapatillas a los personajes que entrevista e intenta realmente com-pren-der-los no sólo reflejar en un texto sus opiniones. No conozco a Olga Rodríguez pero tengo la impresión de que la experiencia no la ha dejado indiferente… Como dice una persona muy querida, la vida si te acercas de verdad a ella, mancha…

El Palacio azul de los ingenieros belgas

La forma en la que más me gusta que me lleguen los libros es de las manos de los amigos. Y este libro que acabé en los últimos días de junio me llegó de la mano de uno de mis mejores amigos y, posiblemente, con el que más comparto gustos literarios. Es decir, que me conoce bien. Y acertó.

De Fulgencio Argüelles tengo que confesar que no había oído hablar nada en absoluto y ha sido un descubrimiento. Su manera de escribir me recordó en seguida al mejor Miguel Delibes e, incluso a Martín Garzo, porque os hagais una idea. Sin embargo, va más allá del realismo con toques rurales para introducir elementos mágicos.

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